Llegadas las once de la mañana descansamos cerca de Valmadrid, una pequeña villa de escasa población. Francisco Javier, el oficial de la tropa, sacó unas morcillas y unos chorizos y repartió unos pedazos a cada uno de los presentes. A Jesús María le apasionó el sabor de aquellos manjares a la brasa. Antonio comía a la vez que hablaba con algún compañero. Ramón comió su ración junto con su amigo Sebastián. Pasada media hora la comitiva despertó del letargo y prosiguió el viaje. El trayecto que quedaba no era muy largo; pero al cruzar una zanja una comitiva de mercenarios les esperaba. Los mercenarios corrían hacia ellos como gacelas gritando a los cuatro vientos: Viva Navarra; Viva el País Vasco; Viva el Carlismo. Los Aragoneses sacaron los trabucos y se atrincheraron rápidamente en la zanja. Abrieron fuego los rifles pares, luego los impares. El estruendo fue inmenso. Los mercenarios heridos o muertos no dieron señal de supervivencia. Más la niebla que se formó era inmensa. Pues era un valle muy cerrado con poca ventilación. Todo parecía una clara victoria, los hombres empezaron a celebrarlo. Pero fue entonces cuando sonó la respuesta. Al menos quince trabucos Carlistas abrieron fuego e hirieron a una docena de hombres. Entonces Jesús María cogió el sable y les empezó a acuchillar el torso. El capitán Carlista atónito por la agilidad de aquel anciano. Permaneció quieto sin darse cuenta de un disparo que había recibido en el cuello. La sangre salía como una fuente ocupando todo el espacio posible. Los Carlistas, conocedores de la noticia huyeron despavoridos. La marcha prosiguió tras comprobar las bajas. 26 Aragonesas y 32 Carlistas. Era una de las muchas cifras de caídos que iban a presenciar.
Primero y fundamental ¿dónde está el capítulo uno?
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