Faroléate

26 de enero de 2012

Capítulo 3 (Sorpresas)


Tras caminar unas horas la comitiva se paró a dormir cerca de unas rocas. Se montó un campamento de pequeñas dimensiones con poca vigilancia. Llegada la noche los soldados empezaron a cocinar otra parte de los víveres. Entonces surgió la pregunta:  
-¿Cómo sabían esos mercenarios que íbamos a estar aquí?
Preguntó Sebastián. El oficial Francisco le respondió: - Será casualidad. Todo comenzó así; las sospechas aparecieron en el grupo. Entonces empezaron las disputas y los planes absurdos. Muchos pasaron la noche en vela. Al amanecer, día 2 de Marzo el grupo de hombres restableció la marcha. La caminata fue dura pero ya casi habían llegado a Zaragoza. Pararon en el Burgo de Ebro. Allí algunos campesinos les ofrecieron agua y comida. El herrero le regaló a Jesús María un sable de alta calidad de un metal exótico. El hombre asintió y le agradeció el gesto. Los soldados, hambrientos, se dirigieron a la taberna del pueblo. Entonces el capitán Antonio les explicó lo que les depararía la ruta del día 3. Los soldados felices se pusieron a pedir raciones y a beber. Les dieron la tarde libre para asuntos propios. Jesús se reunió con su hijo Ramón y decidieron ir a rezar un poco. Tras media hora en la iglesia oyeron una escandalera en el exterior. Al parecer un turco había robado unos artículos del mercado. Los guardias atónitos le persiguieron tropezando con todo. Cayeron al suelo y el ladrón escapó. Entonces el propietario del comercio les reclamó a los guardias su mala actuación. Éstos le respondieron de malas maneras y le empujaron. Después se marcharon por la calle principal. Entonces Ramón comprensivo le dio al comerciante unas monedas. El comerciante se lo agradeció. La noche fue corta; pero duró igual que las demás.

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